
La alimentación consciente es una práctica que invita a estar presentes al momento de comer, dejando de lado distracciones y automatismos. Comer apurados, frente a pantallas o en estados de tensión altera la digestión y dificulta que el cuerpo aproveche los nutrientes de forma adecuada.
Cuando llevamos atención plena al acto de comer, podemos registrar sabores, texturas y sensaciones corporales. Este simple cambio ayuda a mejorar la digestión, reducir molestias gastrointestinales y regular la cantidad de alimento que ingerimos, sin necesidad de imponer reglas externas.
Incorporar pequeños rituales —como respirar antes de comenzar, masticar lentamente o agradecer el alimento— transforma la comida en un espacio de autocuidado. Con el tiempo, esta práctica fortalece la conexión con el cuerpo y favorece decisiones alimentarias más alineadas con nuestras verdaderas necesidades.
